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Homenatge a Paco Albiac a Flix

por | 12 de marzo de 2022

Lo passat 21 d’octubre de 2021, des de la població veïna de Flix, l’amic Ramir Guiu, mos va enviar una publicació pel Facebook dels Amics de Nonasp. Es tractava d’una fotografia que titulava “Foto família Guiu dia de la república 14 d’abril de 1931”, en un text a on mos die: “És la família Guiu de Flix, en amics i familiars, celebrant possiblement lo dia de la república l’any 31. Hi ha algunes persones sense identificar de Nonasp. Algú té alguna idea de qui poden ser?”.

De seguit mos posam en contacte i Ramir mos fa arribar una foto de més qualitat i totes les persones a les quals hi ha posat nom. Per la nostra part, als que mos diu que són de Nonasp, per mig de comparar los personatges en altres fotografies de l’època que tenim a l’arxiu dels Amics de Nonasp, també los anem posant nom.

Però lo més sorprenent és quan arribam a la conclusió que la fotografia correspon a un viatge a Flix que va fer Francisco Albiac Franc, lo diumenge 3 de maig de 1931, acompanyat de familiars i amics, on l’Ajuntament li va fer un homenatge per la seua participació en la insurrecció de Jaca.

Este fet es pot llegir al diari “El Diluvio” del 8 de maig de 1931, a on hi ha una extensa crònica on s’explica com Paco Albiac, acompanyat per lo doctor de Nonasp José Macipe i del jove estudiant Antonio Ribot, des del balcó de l’ajuntament, los tres van dirigir la paraula a tot lo poble allí congregat, destacant-se a la crònica los discursos dels quals fan un ampli resum.

A continuació, us faig una transcripció de la crònica, perquè la poguésseu llegir i valorar la importància que va adquirir este nonaspí al participar a la insurrecció de Jaca, l’empresonament a Maó, l’alliberament al proclamar-se la segona República i los molts homenatges que va tindre.

EL DILUVIO – Diario republicano de Barcelona

Viernes, 8 de mayo de 1931

FLIX – HUESPED ILUSTRE

El domingo nos hizo el honor de estar entre nosotros el bravo sublevado de Jaca y víctima de la pasada monarquía don Francisco Albiac, acompañado del médico de Nonaspe don José Macipe y del joven estudiante de la misma población don Antonio Ribot.

Para corresponder al gran recibimiento de que se les hizo objeto durante la visita que hicieron al Ayuntamiento, dirigieron la palabra al pueblo entero, que allí se había congregado.

Don José Macipe dice que después de tantos infructuosos trabajos, sacrificios, penalidades, persecuciones, encarcelamientos y vejaciones sufridas, hemos conseguido la República de una manera que hasta a los mismos republicanos nos ha extrañado. Hemos escrito una página gloriosa en nuestra historia, dando un ejemplo de civismo que coloca a España en lugar preeminente.

-No por eso hemos conseguido el triunfo –dice-, sino una sola parte, la más fácil; ahora falta la parte más difícil y es trabajar mucho para sostenerla para demostrar a Alfonso de Borbón que no ha pasado desapercibido su reto lanzado a los españoles una vez traspasada la frontera, diciéndonos que no se daba por vencido, confiando en las próximas elecciones. Hemos de trabajar con tesón para destruir la menor nubecilla que pueda empañar el amplio y clarísimo horizonte que se ve en el campo de la República, y eso lo conseguiremos con una unión firme y sincera de todos.

Ataca duramente a los funestos personajes Martínez Anido y Berenguer.

Respecto al primero dice que por su actuación criminal desde el Gobierno civil de Barcelona dio ocasión para que el gran Blasco Ibáñez dijera que no había en ningún presidio un hombre que tuviera una historia tan negra, ni en su haber tantos crímenes como él había cometido, y ese canalla se atreve a firmar su adhesión a la República, cuando lo que debiera firmar es su sentencia de muerte. A Berenguer, indultado de dos penas de muerte por cobarde y responsable de la muerte de once mil españoles en Annual, no le tiembla el pulso al firmar la sentencia de muerte de los héroes Galán y García Hernández, que no cometieron otro delito que trabajar por el bien de su patria. Ese también tiene el cinismo de firmar su adhesión al régimen que él detesta.

Dice que se siente orgulloso de acompañar al amigo Albiac, que tomó parte muy activa en los sucesos de Jaca y que, como sus compañeros, expuso su porvenir, su carrera, su libertad y su vida para conseguir el triunfo.

-Nada diré de los desgraciados Galán y García Hernández; esos ya pagaron a la República con el tributo más grande que podían: con la vida.

Pidió que se guardara un minuto de silencio en su honor y así se hizo.

Al asomarse a la ventana para hablar el teniente Albiac el público le recibió con una estrepitosa salva de aplausos que duró largo rato.

Al hacerse el silencio, reflejada en el rostro de la gran emoción de que estaba poseído, dice que aquellos aplausos inmerecidos los dedicaba a aquellas bravas madres que sabían ponerse al frente de los ejércitos para defender la libertad y en especial a la madre de Galán y esposa de García Hernández.

-Inmerecidos aplausos – dice – porque si bien es verdad que tomé parte activa en aquella sublevación, no hice más que cumplir con la obligación de salvar a nuestra amada patria de la única manera como podía salvarse: destruyendo una monarquía podrida y dar un puntapié al rey perjuro que envileció a la nación, y en pago de haberle dejado partir con todo lo robado en vez de exigirle las responsabilidades, que eran muchas y graves, aún tiene la desfachatez de decir que él no ha abdicado y que confía en el resultado de las elecciones de junio.

No es posible que el pueblo se preste a sucumbir otra vez a las canalladas de ese hombre funesto, y para ello es necesario estar siempre alerta, vigilando a esos monárquicos que pocos días después de implantada la República tienen la osadía de firmar su adhesión a ella, cuando tantos crímenes han cometido antes de entregar la dirección de la nación a los únicos que tienen derecho a dirigirla: a los que el pueblo elija con entera libertad.

Reseña los sucesos ocurridos cuando se sublevó la guarnición e Jaca, en la que hubo verdaderos héroes, dispuestos a sacrificarlo todo, incluso la vida, destacando sobremanera la figura del capitán Galán, alma de la sublevación, que arrostró todos los peligros con la mayor serenidad.

Atacó duramente a todos los nefastos personajes de la dictadura, de todos conocidos, cuyos nombres no olvidará ningún español que haya vivido los ocho años de represión e injusticias.

Acabó refiriendo las últimas palabras de Galán, diciendo con una serenidad asombrosa que si él moría estaba seguro de que el derramamiento de su sangre no sería estéril, pues estaba seguro que antes de seis meses tendríamos implantada la República, y, en efecto, a los cuatro ya España podía gritar con entera libertad ¡viva la República!

El estudiante Ribot hizo una historia detallada de los acontecimientos acaecidos desde el año 23 hasta la fecha, y con una energía impropia de sus años, ya que es muy joven, atacó a los culpables de tantas humillaciones y enalteció la obra que en pocos días han realizado los actuales gobernantes.